Después de tanto marear la perdiz, nos encontramos ante la época, ahora sí, de las grandes conquistas. Los reinos cristianos hace casi un siglo que han tomado la iniciativa político-militar, pero no contentos con eso, esta vez la emplearán en ocupar el territorio de forma efectiva. El siglo XII los verá traspasar las fronteras del Duero y el Ebro, y con espada y cruz en ristre, los reyes, la nobleza y las órdenes militares religiosas dirigirán sus esfuerzos contra el territorio controlado por los almorávides. Dado que los cristianos rulan, vamos a seguir la historieta desde aquí, pero como los asuntos político-familiares de los diferentes reyes de cada reino son un poquito coñazo y darían para tres novelas gordas de esas estilo “Juego de Tronos”, vamos a simplificar un poquitillo, y daremos cuatro pinceladas básicas.
El primer impulso “reconquistador” por el que unos señores se apoderaban de unas tierras que ni ellos ni sus tatarabuelos habían pisado jamás, se produce en este siglo XII. Además aglutinado alrededor de una figura peculiar, un rey impulsivo y amante de los piñazos pero bastante torpe para lo que es la cosa política. En la misma estela de otra figura conocida en esta casa estamos hablando de Alfonso I el Batallador. Este perejil de todas las salsas pisará todos los charcos habidos y por haber de tal suerte que incluso después de muerto se sentirán los ecos de su “legado” político. Pero antes de diseccionar a este desastre con patas, quiero hacer una pequeña introducción a una herramienta fundamental de la política medieval que ha provocado montones de confusiones generalmente interesadas. Que conste en acta pues que no es un capricho mío; ahora que los cristianos cortan el bacalao, los historiadores nacionalistas de todo pelaje mojarán sus sábanas y harán correr sus ríos de tinta defendiendo cada unificación o separación como si fuera la prueba indudable de la Voluntad Imparable de Un Pueblo Soberano en Marcha Desde Nisesabe. ¿A qué se debe este festival para nacionalistas? ¿Cuál es la triste realidad que hay detrás de todo esto? Pues que estamos hablando, ni más ni menos, de la no tan inocente institución del matrimonio.
En esta época, cada alianza política entre dos reinos, ya sea a consecuencia de alguna paz entre ellos o para darle a dúo a un tercero, se sellaba con un matrimonio entre los singles disponibles de cada casa real. Y ya saben lo que tienen los casamientos, que a los pocos años se traducen fácilmente en inocentes mocosos herederos de ambos reinos. Bueno, ¿y qué pasa si los aliados se enemistan? Pues muy sencillo; como la mayoría de contrayentes estaban emparentados entre sí de alguna forma, se denuncia el matrimonio ante el Papado para que se anule, los reinos se separan de nuevo…y como habrán captado enseguida, los chiquillos se convierten automáticamente en una bomba con patas. Esto, unido a la tendencia del personal a fallecer dejando menores en el trono, les dará una idea de cómo funciona la política del Medievo. Así que esta es la razón de unificaciones o secesiones, que se concretan en algo más o menos permanente en función de avatares familiares y no de voluntades soberanas y conciencias nacionales.
Y ahora que ya estamos en antecedentes, examinemos la actuación estelar de este hombre de espada fácil aunque no muy despierto. Alfonso I el Broncas era rey de Aragón, lo cual no era gran cosa dado que se trataba de un minúsculo reino plagado de gente con muy mala leche, pero imprimía carácter. Y también lo era de Navarra, por lo que acabamos de explicar. Este rey era bastante aficionado a tomar la cruz con una mano y repartir estopa con la otra, así que empezó por lo que tenía más cerca, la taifa zaragozana; Tudela, Calatayud, Zaragoza fueron cayendo sucesivamente en sus manos.

"Me paice que ese ma mirao mal...¿a que le unto los morros?"
Pero su lanzamiento al estrellato vendrá de la mano de su boda con Urraca de Castilla, en virtud de la cual el pollo pasará a ser rey consorte de Castilla y León, lo que le permite de rebote irse a la capital leonesa a nombrarse Imperator Totus Hispaniae sin demasiados complejos. De una tacada manejaba todos los ases de la baraja, excepto los condados catalanes. Un hijo de la parejita habría acumulado el dominio sobre casi toda la Península…pero las cosas fueron de otro modo. Alfonso era bastante torpe en cuestiones políticas, porque todo lo que fuera más complicado que guerrear se le hacía cuesta arriba, así que en vez de estarse quieto mirando cómo su mujer dirigía el reino, entró en Castilla como un rinoceronte en celo, haciendo amigos a diestro y siniestro. Por otro lado, además de que resultó que la pareja se llevaba a matar, Urraca tenía un hijo de su anterior boda con Raimundo de Borgoña (sí, un franchute!!!), Alfonso Raimúndez. Todo esto puesto en orden se traduce en una bonita guerra civil en Castilla. Los nobles y los clérigos, como el obispo de Santiago, Diego Xelmírez, se alinearon con Urraca y su hijo, los burgueses de las ciudades con Alfonso y el reino quedó como un solar. Nuestro hombre empezó a cansarse de tanta dificultad y de tanta política, y en cuanto consiguió la nulidad matrimonial en Roma, se volvió a su Aragón querido a hacer lo que más le gustaba, pegar hostias, dejando tras de sí un reguero de fraternal amistad entre los poderes castellanos.
Pero aún le dio tiempo de hacer otro estropicio; en 1131 redactó un testamento donde tomó la estúpida decisión (en otros sitios leerán pía) de legar sus reinos a las Órdenes Militares. Imagínense el pitote que se organizó entre las noblezas castellana, aragonesa, navarra o zaragozana cuando murió en 1134 asediando Fraga, después de tres años intentando que el baranda entrara en razón. La consecuencia fue un disputado reparto de todo el tinglado, el soborno pago a las Órdenes por la renuncia y de rebote, nada menos que la creación del reino de Aragón. Como cada reino/facción/grupo de poder, la nobleza aragonesa tuvo que reorganizarse como pudo. Así que decidieron desgajar el reino y llamar al hermano del finado, Ramiro, que profesaba retiro en un convento, a que ocupase el trono. Esta “solución de contingencia” con patas tenía una hija, Petronila, que casaron con Ramón Berenguer, conde de Barcelona. Gracias al testamento del Batallador en mano y a que Ramiro II no tenía ningún interés en gobernar efectivamente, el catalán se las arregló para ser nombrado “princeps” (y no rey, puesto que su suegro lo era ya, aunque no quiso saber nada y pasó su reinado de vuelta en el convento). Pero todo princeps necesita un principado…así que lo que aparentemente es una unificación asimétrica en que Aragón absorbe los condados catalanes encubre otra unificación política distinta: la conversión de Cataluña en Lo Un, Gran e Llibre Principat, excepto Urgell, que resistirá la OPA cual irreductible aldea gala, y el hecho de que el rey efectivo sin corona era Ramón Berenguer IV. Lo de siempre en España, ya saben, hay que guardar las apariencias.
Encantado con su flamante nuevo reino, Ramón, otro “Action Hero” de la vida, pasará a hacer honor al difunto Batallador, lanzándose a la conquista de Tortosa, Lérida, etc etc. En 1162, su hijo Alfonsito II el Casto (al que curiosamente, también llamaban Ramón) heredará todo lo de papá y mamá y el reino de Aragón queda así como una de las dos grandes potencias peninsulares, encajando de paso a Navarra que quedará encerrada sin posibilidad de participar en la Carrera Hacia el Sur y por tanto, se nos afrancesará un tanto.
Bueno, y mientras tanto, se preguntarán ustedes, contra tanto avance y tanta conquista, cruzados, Órdenes militares y todo eso, ¿qué hacen los almorávides? Pues perder terreno continuamente mientras contemplan cómo su efímero imperio se derrumba. Yusuf y sus sucesores ya tenían unos cuantos enemigos por aquello de su no muy simpática interpretación del Islam, pero en cuanto descubrieron que se vivía muy bien en el palacio y relajaron costumbres, se granjearon también la enemistad de los andalusíes de orden. Para colmo, otra secta norteafricana, también integrista y bastante poco original, repetirá punto por punto el programa, programa, programa almorávide en un clásico “quítate-tú-pa-ponerme-yo”; los almohades. Ni qué decir tiene que todo esto favorece en última instancia la expansión cristiana, que va a alcanzar su punto culminante durante el siglo XIII.
Damos ahora, pues, un pequeño salto dramático y nos colocamos en la casilla de salida del grueso principal de la Reconquista. Durante el XII los cristianos han ido conquistando territorio almorávide, y le han cogido el gusto a los productos derivados de ello: tierras, botín, poder y ascenso social. Con recursos demográficos aún escasos, pero suficientes para ocupar territorios, las campañas se convierten en una especie de rapiña organizada: se hace el reparto del botín antes de la toma de tal o cual erritorio musulmán y después según vaya la cosa se cambian los cromos. Las Órdenes y la nobleza militar, ya sea de la de toda la vida o de nueva creación por distinguirse en la lucha, viven una época de esplendor, acumulando un poder nunca visto antes. Esto es importante, porque configura una casta nobiliar muy poderosa, y la consecuencia de esto se verá pronto.

Gran fazaña de Sancho VII en las Navas, aplastando unos negritos desnudos con un caballo de guerra
Sin embargo, en 1210 la frontera está aún en la línea Tajo- sierra de Albarracín – desembocadura del Ebro. Desde aquí y hasta 1240 aproximadamente, los cristianos completarán la conquista de casi de la mitad de la península, salvo el reducto de Granada. O lo que es lo mismo, la totalidad de las actuales Castilla La Mancha, Extremadura, Valencia, Murcia y Andalucía Occidental. Casi nada. Un espectacular avance, o hundimiento almohade, según se mire, encabezado principalmente por dos núcleos de poder, el oriental con la Corona de Aragón, y el Occidental, con el trinomio Castilla-León y la aparición del escindido Portugal.
Y es que en esta campaña, la resistencia almohade quedará deshecha nada más empezar, en La Madre de Todas las Batallas del medievo hispano: Las Navas de Tolosa. Alfonso VIII de Castilla, de acuerdo con el Papa, organizó una Cruzada contra los musulmanes, cabreado porque le habían dado una hostia en Alarcos (1195) y alarmado por los preparativos de una ofensiva almohade. Así que se juntó una fuerza de paz multinacional de la ONU en el que participó todo el mundo menos el rey de León, que estaba enfurruñado con el rey de Castilla, por lo que se dedicó a saquear algunas plazas castellanas mientras tanto. También unos 30.000 cruzados francos, que se largaron antes de empezar porque no les dejaban arrasar, violar y destruir. Lógicamente, pues nadie caga en su olla y esos territorios ya estaban repartidos con sus aldeas, alquerías, campesinos musulmanes y todo lo demás. Los almohades, por su parte, adoptaron la táctica “pa chulo chulo mi pirulo” y presentaron batalla con un enorme ejército. Lamentablemente incumplieron una norma básica que todo lector de esta página conoce, y los dirigía el Miramamolín (“Comendador de los Creyentes” pronunciado a la cristiana); un señor con un nombre tan ridículo no puede ganar nada importante, así que la derrota musulmana fue estrepitosa.
A partir de ahí el empuje cristiano es irresistible, al mando de dos auténticos figurones, el castellano Fernando III el Santo, que conquistó Sevilla, la capital almohade, y pudo juntar en su cabeza Castilla y León, comprando los derechos al trono por un módico precio que pagó con lo que sacó de la conquista, y Jaume I el Conquistador, el cual una vez muerto Pedro II por meter los hocicos en la Provenza, y alcanzada la mayoría de edad, optó por abandonar la espinosa política occitana, dejar a Francia en paz y marchar hacia el Sur. Y menos mal que nos queda Portugal, claro. Esta escisión de Castilla consiguió medrar independientemente gracias a las luchas de facciones castellanas y a una táctica que si bien les dio buen resultado porque les hizo virtualmente intocables, suponía el abrazo del oso y trajo de cabeza a una ristra de monarcas lusos: hacerse vasallos de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Ni que decir tiene que este impresionante éxito superaba la capacidad de los cristianos para gestionar adecuadamente tanto terreno ocupado, y aquí vamos a tirar por el suelo el mito este tan buenrrollista de “las tres culturas” conviviendo en paz y armonía, tan querido por la historiografía posmoderna y las novelas históricas a 9,95 en la FNAC. El origen del mito se encuentra sin duda en Toledo y la famosa escuela de traductores, pero hay que recordar que hablamos de una rara avis medieval como es el intelectual y que esto no se puede generalizar. Por otro lado, el hecho de contrastar la presencia de judíos y musulmanes con su expulsión en 1492 y 1609, respectivamente, puede llevar a pensar en una nueva época de intolerancia (que algunos maliciosos adjudican exclusivamente a la parejita Fernando e Isabel, de la que hablaremos largo y tendido). Y por último, es cierto que en las ciudades medievales hispanas había tres barrios, tanto en las musulmanas como a medida que fueron siendo ocupadas por los cristianos.
Pero no es oro todo lo que reluce: esta interpretación es simplista, muy sesgada y en definitiva, mentira cochina. En primer lugar, como mucho las tres culturas se toleraban y malamente, ya que vivían físicamente separadas una de otra, con leyes que castigaban cualquier tipo de mezcla o trasvase entre ellas, y por supuesto, siempre que acatasen sin rechistar las disposiciones de la cultura dominante. Por otra parte, la ocupación cristiana de las ciudades podría en principio parecer que dejaba las cosas igual, pero ni de coña. Los conquistadores, si bien permitían a los musulmanes seguir en la ciudad, no sólo se adueñaban de los espacios públicos, tirando la mezquita para poner la iglesia, sino también las manzanas de casas. Todo el urbanismo árabe a la porra; los islámicosy judíos eran amontonados en arrabales extramuros, y la mayoría acababa yéndose. ¿A dónde? Pues al meollo del concetu: al campo. La razón por la que los cristianos permitían graciosamente a los musulmanes trabajar para ellos es ni más ni menos que la falta de efectivos propios para reemplazar a tanto campesino en una extensión tan grande, y es por ello por lo que aguantaron hasta principios del XVII, y no por cantinelas de respeto y civismo. Porque las leyes poco multiétnicas siguieron en aumento. ¿Eh, y los judíos? Pues el antisemitismo no es algo que se les ponga en las gónadas a los Reyes Católicos; la preparación de los judíos y su habilidad comercial les hizo los candidatos ideales para desempeñar una función muy divertida, la de recaudar impuestos. Su diferencia cultural daba a los reyes cristianos la seguridad de que no les traicionarían por cualquier facción nobiliar. Pero a la larga todo esto jugó en su contra. Por una parte, como decía Eskorbuto, “verde, azul o marrón, un cabrón es un cabrón”; los judíos no eran más amables que otros recaudadores, al contrario, su eficiencia los hacía todavía más impopulares. Por la otra, eran agentes del rey, por lo que en cuanto las aristocracias villanas quisieron echar mano de la caja y encargarse ellos de manejar los dineros, se les opusieron. Y los judíos eran un blanco fácil para canalizar odios, precisamente por su diferencia cultural bien visible para todos. Los RR CC simplemente se hacen eco de las peticiones de sus elites, que arrastraban a sus propios siervos. Esta es la realidad social de la conquista cristiana, no es muy bonita, pero es la que hay.
No me negarán que no es llamativo que se quiera hacer un todo reconquistador de 800 añitos de nada de un proceso por el cual en los primeros tres siglos y medio largos las fronteras apenas cambian, se empiezan a mover durante un siglo, y se conquista la mitad en sólo 30 años, para dejar las cosas como están durante otros dos siglos y medio. ¿Que por qué se dejan como están? Bueno, lo hemos empezado a apuntar arriba. La nobleza se ha enriquecido muchísimo, así que van a dar muchos dolores de cabeza a los reyes de las superpotencias peninsulares, Aragón y Castilla. Tantos, que la conquista sufrirá un frenazo hasta su detención completa. Vale, pero…¿cómo es que sobrevive un reino tan débil como el granadino teniendo estos dos vecinos tan fortachones? Básicamente porque cumple una función similar a la ETA; darle una paliza de vez en cuando pero sin matarla del todo proporciona grandes réditos políticos. Además, a estos sí se les puede usar como aliados para dar y recibir por vía interpuesta. Vamos, que interesa que el morito respire. Todo esto se verá en el capítulo siguiente, donde en el transcurso del encantador siglo XIV con sus pestes, sus crisis y sus guerras nobiliares por todas partes, asistiremos al hundimiento definitivo del medievo y el parto de la Edad Moderna en “Si no tengo con quien, me pego solo”. Ah, y hablaremos, tachán, tachán, ¡¡¡ del Compromiso de Caspe !!!
Ramón Berenguer no es que se apañara para no ser rey: es que no podía. Los casaron mediante el “matrimonio en casa”, figura jurídica de relumbrón en la época mediante la cual la casa menor es absorbida por la mayor para que la sumen al listado que leen los mayordomos cuando uno entra en la fiesta, si esto hubiera estado de moda en la Península. Y el tío firma, vaya si firma. Como para no.
Podrías haber mentado, en lo de Pedro el metemorros en Provenza, lo de la paradoja católica. Era Pedro “el Católico”, participa en la cruzada de las Navas contra los moros, y casi simultáneamente el Papa le mete una por el orto a él para favorecer los intereses del gabacho en el Sur francés. Ah, majo. Para que te fíes de los curas.
Pero si es lo que digo: no podía llevar la corona, pero se las apañó para gobernar sin que le hiciera falta. Yo me supongo que a la nobleza aragonesa le valía el apaño y por eso se buscaron la fórmula del matrimonio en casa, visto que Ramiro no tenía muchas ganas de nada y Ramón era bastante capaz, pero no le podían quitar el trono así como así. Un arreglo de compromiso que acabó en uno de los dos reinos gordos peninsulares.
Ya, pero si me meto en la herejía albigense, entro en un jardín colateral y no es la intención. Mucha tela para una serie de articulillos sueltos. Es que antes el Papa mandaba mucho, tú.
Destacar que en la multikultural y superbuenrollo de Toledo las tres culturas vivian muy bien ordenaditas. A la caida del sol los barrios moruno y judio, rodeados por mullaras interiores, quedaban cerrados y bajo toque de queda. Lo mismo que en festejos tales como la Navidad, la Semana Santa…
Y sobre la explusión de los judios y morunos, que los Aspañoles llevaremos como cruz para los jamaes…en 1492 hacian:
310 que habian sido expulsados de Gabacholand (y hasta 1942, los explusaron otras 4 veces, que parece que no se iban del todo)
202 años que habian sido explusados de Inglaperra,
71 años que habian sido explusados de Austria…
y en los años siguientes, Lituania, Portugal, Alemania, la España Ultramar (reino de Nápoles)…
pero nada, la fama toda para nosotros.
Quizir que sé de mas de uno que te va a mentar a la parentela por no destacar al Reino de Llioun más y más y más que a los tristes de Castilla, que últimamente por aquí andan a todo trapo con lo de la Lliunesificación y la novela de ciencia ficción que se están inventando, con idioma elfico propio y Mordor-Valladolid que riase Tolkien
La cosa esta del invento leonés me tiene fascinado/alucinado/horrorizado a partes iguales.
Pues eso que al final no he comentado que la fundación y repoblación de Valladolid fue llevada a cabo en buena parte por un pequeño pero “exótico” aliado de Castilla, nada menos que el Comte d’Urgell, Armengol (creo que V, porque todos se llamaban igual). Vamos, que los primeros habitantes del Mordor “antilliounés” eran nada más y nada menos que ¡¡¡ catalanes!!! Por otra parte no sé cómo sentaría esto a José Mari si lo supiera o tuviera la intención de saberlo…
PD: No somos los primeros en innovar, no. Este problema con recaudadores de impuestos que se visten, rezan y hablan raro en casa ya lo tuvieron en el resto de Europa antes.
“Ya, pero si me meto en la herejía albigense, entro en un jardín colateral y no es la intención. Mucha tela para una serie de articulillos sueltos. Es que antes el Papa mandaba mucho, tú.”
Trabaja, perraco español. Saca el soviético estajanovista que llevas dentro.
El estajanovista soviético que llevo dentro se pasa el día fuera haciendo cosas, bien lo sabes tú, perro sarraceno. Pero a lo que voy, la serie se llama “Reconquista”, no “hacemos el ridi en Francia y el Papa nos excomulga y nos mete una cruzada por el ojal”.
solo decir “oé oé”
Hombre, ridi… no es cosa baladí bajar al Sur d’España a pelear por la Cruz contra chopocientos mil moros en las Navas, que te cruzaden, y tener que desplazar, en la época, al ejército al otro lado de los Pirineos para batallar again contra la Cruz. En un año, todo. Que no había camiones prestados por los americanos, aún, que había que hacerlo a pata.
Argakala, felicidades, en la linea
La verdad es que desde las derrotas de los almoravides – Alarcos y Uclés – hasta la de las Navas, Al Andalús fue un puto choteo. Los cristianos se bajaban a saquear el Valle del Guadalquivir como unos Almanzores cualquiera. Pero en plan amateur. Desde un par de colegas jartos de vino que cruzaban a ver que se podía agarrar – dos vacas y el pastor- hasta milicias concejiles – la de Segovia llegó a bajarse ¡¡ catorce veces!! durante la vida de uno de sus capitanes. Una atentica guerra económica continua que hizo imposible vivir decentemente en Andalucia y que fue una de las causas de la caida de los almoravides. ¿Pa que tener a estos morancos vestios de negro y tan desaborios, si los castellanos se nos mean si ó si en la cara? Vamos a ver si esos otros morancos son más simpaticos..
Y no es que fuera un deporte libre de riesgo, pero los muy mantas sarracenos no encontraron forma de batir a un cristiano blindado, salvo caso de superioridad manifiesta y/o predominio de las funciones testiculares sobre las cerebrales a la hora de elegir el momento adecuado para dar la batalla.
Despúes de Las Navas siguió la campaña pero ya en plan saqueo y apropiación de tierras, dejando solo al Reino de Granada ( Malaga, Almería y Granada) para extorsionarlo y enviar de colonias a los más discolos de los nobles, como, por ejemplo a esos prodigios de civilización y cultura que se decían oñacinos y gamboinos, para que dejaran de amolar a los subditos del rey y liara con navarros y vecinos varios
Danuto, ¿Te has leido la descripción de la batalla de Muret?
El Católico iba manejando el asunto – Gabacholandia tenia suficientes problemas con borgoñones, ingleses y demás vecinos barbaros- cuando después de una noche de farra fue arrollado y muerto por unos hooligans con armadura, muy acojonados….la logistica no fue el problema, fueron los españolisimos cojonazos que se gastaba
Que yo sepa, fue por meterse en harina en lugar de quedarse, como mandan los cánones, bien atrás esperando a ver qué pasa. La organización de la batalla por parte aragonesa fue españolísima, además. Sumando a lo de los huevos que el hijo del rey estaba en manos del contrario.
La harina, por la parte que yo conozco, fué que el tio se entró por las calles de Muret sin estar lo suficientemente protegido – y escoltado, podríamos añadir- con lo que una salida de los gabachos arroyo al buen rey y a sus acomnpañantes y del empujón llegó al campamento.
Malas lenguas añaden que el buen rey se pasó toda la noche previa yaciendo con real hembra y las fuerzas se le fueron por la segunda cabeza. Aunque tambien puede pasar por propaganda papista…
Parece que estaba errado….
http://www.satrapa1.com/articulos/media/muret-web/batalla/LaBatalla.htm
Pedro II fue altamente imprudente en Muret y acabó jodiendo bien jodido a su reino. La minoría de Jaime es desastrosa para la casa real, y éste se encuentra a la nobleza crecidita. Bueno, en la próxima entrega hablaremos de Aragón y su organización política de pesadilla (incomprensiblemente alabada hasta la saciedad y puesta casi casi como modelo de democracia medieval…).
Lo de las milicias, es cierto. Bueno, no sólo las milicias, el propio Alfonso el Batallador se pega un tour por Andalucía y llega a saquear Motril, creo, sin que nadie le tosa seriamente. La milicia de Soria (o de Ávila, no recuerdo bien) baja tantas veces por el mismo camino que acaba sufriendo una emboscada cuando regresa llenita de botín. Este modelo económico bélico acaba formando una tropa bien temible, por cierto.
Por cierto, Dan, que mover 800 guerreros a caballo de las Navas a Muret en un año no me parece una fazaña digna de mención…
AHora me haces dudar si de Segovia ó si de Avila, pero hablamos de la misma milicia. Y no es que sufriera una emboscada . Es que los andalusies les iban dando alcance y de tan sobrados que iban, antes que perder el botin y salir por patas, tomaron posiciones en una colina y no les salió bien.
Lo de la organización política supongo que es por las Cortes y el Justicia y demás. Cosas heredadas de los godos, donde el rey no es todavía la Figura semidivina que acaban siendo casi todos para ser simplemente (o nada menos) uno mayor a todos en solitario, pero que se tenía que plegar ante todos unidos. Nos, que somos tanto como vos, y juntitos más que vos, o algo así. Lo del Justicia no está mal: da por hecho que el rey se va a sobrepasar en algún momento y es necesaria alguna autoridad que medie. ¿Que no es lo ideal para gobernar un reino, y menos si vemos a la gente como figuritas de un wargame -que te puede, te pueeeede-? Cierto. Pero tiene su aquél.
A mí mover a un personal que se deshace para ir cada uno a su casa para reunirlos de nuevo, organizarlos y subirlos me parece algo dificilillo en ese tiempo. Sólo en acabar lo de las Navas y regresar a casa… Tenía que haber subido a más, ya que estaba.
Y de las razzias aquellas surgieron personajes-jes como los almogávares, cierto.
Las Cortes no son cosas heredadas de los godos; ese es el discurso de la nobleza para tratar de imponerse al rey. El Justicia es una figura que sólo existe en Aragón y que le impone la nobleza aragonesa al rey para asegurar su influencia respecto a los catalanes, pero ya hablaremos, te digo…
Lo de Muret. No es descabellado pensar, dado cómo se movilizaban las tropas y cómo funcionaba la cosa de la guerra entonces, que los 800 caballeros fueran nobles de primera y segunda fila, vasallos del rey o su guardia de corps, directamente. El resto del ejército son milicias urbanas de Tolosa, y las tropas del propio conde. Es decir, que no “subió” a nadie más, Dani.
Bueno, los godos elegían al rey entre iguales, no había ungidos especiales. Después ya deriva lo que quieras, que el tiempo no pasa en balde. El Justicia será para lo que sea, pero la idea es cojonuda, un abogado supremo que asegure que las leyes del reino no se las salte ni dios, empezando por el rey. A uno le cortaron la cabeza por señalar a un rey perjuro, ya que estamos. Y se acabó la institución.
Ya, pero esa guardia de corps tiene que regresar, volver a sus rediles, recibir la llamada, organizarse, reagruparse, subir.
Te estás liando, Dan. La función de las Cortes no es elegir rey. Las Cortes no tienen nada que ver con tradiciones godas; es una novedad del siglo XII. Entroncar con una tradición goda sirve simplemente para que los nobles esgriman su antiguo papel como electores de reyes cuando les interesa o lo necesitan (presionar al rey), pero ni Cortes ni Justicia se basan en nada del tiempo de los godos. El Justicia de Aragón es una herramienta de control de la nobleza aragonesa sobre el rey de Aragón, ni más ni menos.
PD: Esa caballería pesada nobiliar tiene tiempo de sobra en un año para bajarse a las Navas y subirse a Tolosa. No hay nada de especial ni meritorio en ello, no seas pesao. Maño. Cabezón.
No, me refería a que los godos tenían un concetu de la realeza distinto, y algo se heredó. Las cortes servían para que el pueblo (muy tamizado, claro) tuviera representación en la política del estado. Que no es baladí, la cosa, para los tiempos de que hablamos. Ahí está su virguería, como lo del Justicia (claro que es control del rey: que no se pueda saltar la ley, no sé qué tiene de malo, mira hoy en día cómo aún no hemos superado eso), en el concetu, no en su aplicación o resultados.
Más que meritorio, es curioso tener cruzada a favor y cruzada en contra en un año. No me dirás que no a eso.
A ver, sí es baladí, porque Cortes hay en todos los reinos cristianos, así que virguería tampoco es. Y en cuestiones sucesorias, las Cortes no tienen nada que decir…excepto si no está claro. La particularidad de la Corona de Aragón es que tenga nada menos que tres Cortes diferentes. Y leyes sucesorias diferentes.
No paralelices; el control del Rey (a través del Justicia o lo que sea) no es el concetu. El concetu es ¿para qué se le quiere controlar? Se trata de que deje las manos libres a la nobleza. Son dos poderes en pugna, no más. Hay que tener en cuenta que lo que llamas “la ley” por aquel entonces, es básicamente costumbre, y la costumbre se impone desde arriba.
De hecho, durante el siglo XIV y XV la nobleza dará bastante asco, y concretamente la aragonesa, por pertinaz, empecinada, obtusa y corta de miras, muy especialmente. Pero ya lo veremos, ya.
La ley era lo que juraba el rey.
Y que no estoy defendiendo a los nobles, que ya traicionaron el último deseo del buen Batallador… con lo que habría molado un estado templario, hombre.
Ya. ¿Quién se lo hacía jurar? No veas democracia ni buenas intenciones donde no las hay, que te pierde el terruño.
Danuto, el rey de Aragón tenía mesnada propia y para la campaña de los cátaros tuvo que pagar a los mercenarios por adelantado, que para eso estaba excomulgado.
Después de leer el articulo que pegué, lo que no tengo claro es si subieron 800 caballeros full equipe ó, más lógico viendo el repaso que le dieron los normandos, unos 200 caballeros feten y otros 600 caballeros de 2d class ( escuderos, sargentos…) Y desde luego no era un gran paseo para soldados profesionales.
Menos mal que los almogavares repararon el honor aragones degollando gabachos desde Sicilia hasta Atenas, a pie y sin armadura…
¡Descubrí este blog hace unos días y me encanta! Ojalá los profesores de Historia hubieran sido tan amenos como estos posts. Jamás la batalla de Navas de Tolosa había tenido tanto intríngulis
Me apunto al RSS. ¡Espero impaciente las próximas entradas!
Hombre, pues muchísimas gracias, es el mejor elogio que podrías hacer, porque es precisamente la idea con la que abrí la página. ¡¡Me alegro mucho!!
Los almogávares eran como el Cid. El rey se los quita de encima y los tíos se empeñan en ponerlo arriba y bien arriba en todo momento.
Yo sigo pensando que lo del Cid fue completamente deliberado y que el destierro o no fue así como lo cuentan o fue el paripé más grande de la época…vamos, que huele a premeditación. Lo de los almogávares, menos.
Supongo que los tios necesitaban una justificación, adaptada a su tiempo, tipo ” vamos a llevar la libertad a Irak”.
Aunque hubiera sido,cuando menos, simpatico verlos enfrentarse a la caballería castellana, viendo lo bien que les fué con la francesa en Sicilia y Atenas.
Pues habría ocurrido más o menos lo mismo, supongo. Ahora, que tenían que ser unos cabrones de cuidadín.
Hola, soy el autor del artículo sobre Muret, en la página web de Satrapa1. Ante la duda que planteáis sobre si los hombres que acompañaban al rey Pedro eran todos caballeros, la respuesta es que no: alrededor de 200 serían caballeros, y el resto “sargentos” o guerreros profesionales con menor calidad en el equipo. El rey Jaime I en su Crónica siempre distingue entre “caballero” y “hombre a caballo”, estando los primeros englobados en los segundos, pero no al revés. Los hombres a caballo eran todos, los caballeros solo la élite nobiliaria. El rey Pedro efectivamente pagó por adelantado, pero el término mercenario no ha de ser entendido como despectivo como tal: con el pago por anticipado podía estar seguro que los nobles y sus hombres le seguirían y no le dejarían colgados. Hay que recordar que las relaciones vasalláticas feudales en la Corona de Aragón no eran tan férreas como en Francia, con su famoso “arriere-ban” (movilización general). Lo que tiene de despectivo el término de mercenario es por su utilización por el bando cruzado, criticando su uso -algo que todos hacían-.
Aprovecho para felicitarte, Alberto. Poco más se puede añadir a lo que escribiste. Articulos de ese tipo son los que hacen afición.
Me uno a la felicitación, un trabajo impecable y completísimo, Alberto. Gracias por pasarte y por la aclaración.