A la vista del esplendoroso panorama que los reinos cristianos (por llamarlos de alguna manera) mostraban durante el siglo VIII, nos preguntábamos en el anterior artículo cómo era posible que los musulmanes no culminasen la labor arrojando definitivamente al mar a ese grupo de norteños de dudosas costumbres higiénicas. En primer lugar habría que mencionar, aunque sea de pasada porque es bastante evidente, que realmente no había una intención de eliminar a los cristianos. El espíritu de yihad era algo diferente a cómo lo entendemos hoy en día; se trata de extender el Islam por la espada si es necesario. Lo que es un poco diferente a cepillarse a cualquier no musulmán que uno se cruce.
En segundo lugar, y más importante, porque los invasores tenían problemas mucho más acuciantes que unas cuantas bandas de malcarados protohippies montañeses. En los primeros momentos, el territorio conquistado se organizará como un emirato, cuyo emir es nombrado por las autoridades del Norte de África. Esto dicho así queda muy solemne, pero la realidad es algo más chusca: hasta mediados del siglo VIII pasarán por el cargo más de 15 gobernadores y la cantidad y calidad de los conflictos es tal que cualquiera se sentiría tentado a contratar un estudio científico para determinar si es posible que en el aire peninsular flote alguna partícula de “aquísehaceloqueyodigamina” que afecta a todo aquel que se establezca en estas tierras.
La cosa es bastante embrollada de explicar, así que resumiendo un poquito, nos encontramos con varias capas sociales y étnicas superpuestas, cada una odiando mucho a las demás. Por un lado los árabes, que arrastran sus rencillas tribales desde que salieron de La Meca y se dividen en qaysíes y yemeníes (árabes del norte y del sur). Aparte de mantener la ojeriza tradicional de esas que nadie recuerda ya cómo empezó, pero que seguramente tiene que ver con el día en que el tío Umar abrevó su camello en el oasis de Hussein sin pedir permiso, están divididos por su actitud hacia los nuevos conversos, los muladíes. Unos superopinan que todos los hermanos de fe son iguales, y los otros que hay hermanos Liga BBVA y hermanos Liga Adelante. Eso sí, en algo están de acuerdo ambas facciones; en despreciar a los beréberes.
El problemilla es que este grupo étnico ha sido clave en la conquista (o para entendernos, la tropa) y reclama lo suyo en el reparto, malestar agravado cuando comprueban que les tocan las migajas. Para rematar, los muladíes quieren mantener los dominios y bienes que poseían, verse efectivamente liberados de pagar el impuesto de los no musulmanes, y que se les trate en pie de igualdad al resto de creyentes. Para rematar, los cristianos y judíos se contentan de momento con pasar desapercibidos y quedarse como están. Como ven, el cuadro típicamente hispano conocido como “¿qué hay de lo mío?”. Mezclado esto con el ingente botín en bienes y tierras a administrar, no es difícil imaginarse las abundantes raciones de alicatado de cara que esta heterogénea situación va a provocar, con rebeliones aquí y allá, al menos hasta que aparezca en escena la familia de machotes de turno a imponer algo de orden. Hablamos del clan de los Umayyid, más conocidos como Omeyas.

Abd Al Rahman I, emir de los gimnastas
Abd Al Rahman, último superviviente del clan tras el golpe abbasí en Damasco, encontró asilo político entre la tribu norteafricana a la que pertenecía su señora madre. Desde allí sondeó el avispero hispano; contactó con sus clientes peninsulares y con el apoyo beréber, consiguió ser proclamado emir en 756. Y aquí se va a acabar la tontería; tanto él como sus sucesores se impondrán a sucesivas y cansinas sublevaciones (primero beréber, después muladí, luego mozárabe, etc etc etc) y sentarán las bases de una estructura estatal fuerte, que son las de siempre: ejército, fiscalidad, burocracia. Con la fundación de redes de ciudades por toda Al Andalus (Madrid, Murcia, Úbeda), y la política de arabización, tendrán durante más de un siglo razonablemente sujetos a todos estos descarriados. Será la etapa de afirmación del estado andalusí y de esplendor cultural inigualable, puesto que los Omeya patrocinarán las artes y las ciencias. Los emires ejercerán de mecenas trayendo de Oriente todo tipo de obras y personalidades, como Ziryab, el famoso músico y creador de estilo iraquí (como lo leen), que ayuden a dotar de prestigio a su corte y eleven el nivel cultural de sus dominios, y pondrán Córdoba bonita y preciosa con la construcción, entre otros edificios, de la famosa mezquita. En definitiva, Estado, Estado y más Estado.
A la sombra de Al Andalus, los cristianos tratarán de asomar la cabeza y hacerse un huequecito cuando los islámicos no miran o están demasiado ocupados rajándose amistosamente. Sin molestar demasiado y pidiendo disculpas, eso sí. Las épocas de crisis del emirato serán aprovechadas para extenderse un poquito más allá o para sacudirse los tributos de encima, mientras que toca mostrarse obsequioso y pelota cuando los emires están en condiciones de repartir collejas grandes. Este es el proceso que seguirán los minúsculos condados pirenaicos y el reino cristiano más importante de la Península en la época, el de Asturias, para consolidar su supervivencia.
Alfonso I será el rey que baje de la montaña, ocupe guarniciones abandonadas por los beréberes y deje entre Asturias y Córdoba lo que los historiadores conocen como “desierto estratégico del Duero”, una amplia zona yerma cuya feraz abundancia de nada aislará el sur del reino de los ataques andalusíes, pues por allí no hay quien se abastezca de lo imprescindible para una campaña militar. Sin embargo, sus sucesores tendrán la mala suerte de encontrarse en inferioridad respecto al rutilante poder Omeya. La historiografía nacionalista los bautizó como “reyes vagos” a los pobres, porque no habían hecho nada por combatir al infiel. Huelga decir que eso es una patochada: ningún rey hasta Alfonso II estaba en condiciones de enfrentarse a los ejércitos de beréberes y eslavos del emirato, y bastante ocupados estaban consolidando su poder frente a los nobles, unificando más o menos a los diferentes pobladores de sus tierras y reduciendo campesinos a la servidumbre. Tareas de bricolage casero que si bien son duras y desagradables, no lucen mucho en los libros de historia, ya que siempre queda mejor que invadas al vecino y glorias imperiales por el estilo.
El siguiente Alfonso tuvo una ocurrencia que perdura hasta hoy en día en forma de cumbayás con alpargatas que no tienen otra cosa mejor que hacer en verano que torturar sus pies durante días y después tratar de convencerte de que es una experiencia maravillosa para que sufras tú también. Además de ampliar el territorio aprovechando que las ciudades de las provincias fronterizas se rebelaron contra Córdoba (Toledo, Mérida y Zaragoza tienen un largo historial delictivo) y le hicieron de tapón, necesitaba afianzar su independencia en otro controvertido aspecto; el eclesiástico. Asturias estaba sometida al arzobispado de Toledo, lo cual así dicho parece bien poca cosa, pero cuando lo traducimos a algo comprensible queda mucho más trascendental: aparte de la tremenda autoridad moral que ostenta, Toledo nombra obispos y cargos eclesiásticos y por lo tanto gestiona también sus rentas y propiedades. Un auténtico dedo en el ojo político astur.
Pero hete aquí que un buen día, paseando por el campo (suponemos que meditando, recogiendo florecillas o buscando inspiración divina), oh casualidad de casualidades, resulta que Teodomiro, obispo de Iria Flavia se tropieza con nada menos que la tumba del apóstol Santiago. Que, más casualidades de la vida, resulta que está dentro del reino. Se impone construir una catedr…un momento, qué carajo, ¡¡¡una ciudad entera!!! para rendir culto al santísimo hallazgo. Y por supuesto, fundar un obispado ad-hoc. En unos cuantos años el reino asturiano comenzará a recibir peregrinos de toda la Europa cristiana.
Esta comedia maniobra, que pese a lo que pueda parecer vista desde hoy es harto inteligente, se completa con una remate por toda la escuadra, aprovechando un rechace. En una de estas idas de olla tan medievales de clérigos descubridores de mediterráneos y que suelen tener que ver con el incomprensible y abstruso misterio de la Trinidad, Toledo dio por buena la doctrina del adopcionismo, por la que se afirma que el Hijo en realidad es hijo adoptivo del Padre. Los monjes a sueldo de la COPE Alfonso, como el Beato de Liébana, denunciaron ferozmente la heterodoxia ante Roma o Narbona: ya había excusa para proclamar la independentzia clerical asturiana. Además este rey pasó la capital a Oviedo, fortificó zonas fronterizas, dejó de pagar tributos, apoyó cualquier sublevación contra el emir y acogió en sus amorosos brazos a todo mozárabe que huyese de Córdoba. El remate a esta política lo aportará como ya vimos la adopción del ideal neovisigótico de manos de los clérigos mozárabes por parte de Alfonso III. El tinglado astur tenía sin embargo un punto débil: el flanco oriental del reino. Pero como necesitamos enterarnos un poco del sucio juego de alianzas para comprenderlo, veamos primero qué ocurre en los valles pirenaicos del Este, así que antes de entrar al meollo les voy a marear un poco.
La supervivencia de los ridículos condados cristianos orientales, reducidos muchas veces al territorio de tal o cual valle, y su tímida expansión originaria viene patrocinada por el Imperio Carolingio. Sí, señores, son los pregabachos quienes hacen y deshacen en la zona que se extiende entre el Pirineo y el Ebro, y la fuerza principal que se opone al emirato. Carlomagno organiza una zona defensiva militarizada dividida en zonas al frente de condes francos o hispanos que pone y quita a su gusto: la Marca Hispánica. Los condados catalanes apenas pasan durante el siglo IX del prepirineo, siendo los francos los que conquistan Girona y Barcelona: hasta que Wilfredo el Velloso (extrapolen el aspecto del individuo en cuestión si en una época semejante ya se le señalaba como especialmente peludo) ocupe la plana de Vic a finales de siglo no se registra un avance autóctono apreciable. Además de ello, la disgregación del Imperio Carolingio y la consiguiente sensación de abandono militar a su suerte, llevarán a afirmar la autonomía de cada condado, hasta que se agrupen alrededor del núcleo “duro” Girona-Barcelona-Vic. De cualquier manera, al igual que ocurre con la idea de España, no hay una entidad política conocida como Cataluña (lo que deja bastante en ridículo a aquellos que niegan una y afirman la otra, por cierto), ya que los condados tienen independencia política y son “intercambiables”, adjudicándose el dominio unos y otros condes en función de parentesco, bodas y alguna que otra intriga.
En la zona occidental del Pirineo, tocando ya con el reino asturiano, la situación es exactamente la misma, pivotando alrededor de dos núcleos. El condado aragonés, que se circunscribe al valle del río que le da nombre y con capital en Jaca, y el reino de Pamplona, posteriormente Navarra. Ambos están rodeados de grandes potencias: los carolingios por un lado, de los que dependen, y por el otro de algunas plazas fuertes del emirato como Huesca o Zaragoza. La preponderancia de los navarros los convertirá en la clave de las alianzas de la zona: familias como los Arista, los Ximeno o los Velasco se disputan el trono pamplonés, aupados por francos o musulmanes. El triunfo final de los Arista se debe a la intervención en su favor de una poderosa familia muladí, el clan de los Banu Qasi, teóricamente fieles a Córdoba, pero que en la práctica ejercen un poder independiente.

Feu el favor de limpiar un poco, guarrus, que esto era rojo antes
La importancia de estos nobles convertidos a la fe islámica radica en la situación crucial de los territorios que dominan. Justamente forman la zona de contacto entre Pamplona, el reino de Asturias y Al Andalus. Lo han adivinado; se trata del vulnerable flanco oriental del reino astur que mencionaba antes. La ruta imprescindible de los ataques musulmanes pasa por evitar la zona del Duero rodeándola y subir por los territorios del valle del Ebro para girar a la izquierda golpeando a los asturianos. Dado que este camino pasa por los territorios de los Banu Qasi, para los cristianos es fundamental mantener buenas relaciones con ellos y que sigan haciendo de tapón.
Sin embargo, en el segundo cuarto del siglo IX el juego de alianzas cambia; los Banu Qasi, hartos de recibir las leches de Córdoba, se aproximan al emir y entran en malas relaciones con Navarra, permitiendo entre otras ofensas que su rey fuese capturado por los vikingos. Esta hostilidad arrastrará a Asturias, y culminará en una buena ensalada de yoyah en Abelda (859), donde Musa ibn Musa, el cabeza de los Qasi, es derrotado estrepitosamente por Ordoño I de Asturias, perdiendo el control de la zona de Soria y Logroño. Victoria, sí, pero urge encontrar un reemplazo para tapar el agujero por donde presumiblemente se colarán las razzias cordobesas, un poder alternativo que permita a los asturianos y navarroaragoneses dormir tranquilos por las noches. La solución no será demasiado original, puesto que copia el procedimiento usado por Carlomagno, pero sí trascendental para el futuro de la Península.
Como ya se imaginarán, en el próximo capítulo asistiremos al parto de un reino llamado a jugar el papel de gran soprano ibérica, a pesar de lo que podría indicar la composición de sus primeros pobladores; la legendaria, mítica, señorial y austera Castilla. Mientras tanto, el emirato se enfrentará a su más grave crisis, que no sólo no acabará con él sino que lo dejará fortalecido y más bonito que un San Luis, convertido en califato por obra y gracia de Abd Al Rahman III, duro entre los duros. En la próxima entrega, “Califa en el lugar del Califa”. Ya, ya, cuatro entregas y aún andamos por el siglo IX, pero a esta bitácora se viene a sufrir, oiga.
se sufre, pero se aprende!
¿Alguna explicación a los 40 años de castidad y ardor guerrero del segundo Alfonso? ¿Influyó el que fuera medio vasco?
Sin duda.
De todas formas a mí hay algo que no me cuadra. Aparte de que la madre de Alfonso II, la tal Munia fuera vascona, hecho que debe marcar a la criatura sí o sí, cuando cotejas las descripciones de las bellas cautivas o princesas vasconas rubias por las que los Omeya se pirraban (por ejemplo, la tal Oneca de los Arista) con las actuales musas del movimiento 100% euskaldun…aquí hay algo que no nos han contado.
Otra pregunta para los expertos:
¿De donde sale tanto guerrero?
Si quedamos – revisando encuentros multiculturales tipo Albelda, Valdejunquera, Lutos, Simancas, etc – que cada diez años había una masacre militar, que todos los años había bolos veraniegos para saquear, talar campos, robar cosechas y matar todo lo que tenía dos patas y que, además, las pestes y demas miserias se cargaban a un porcentaje elevado de la población…
¿Como es que los cristianos norteños podían darse esos garbeos por la ruta de la plata año si año tambien?
¿Como es que después de una buena somanta no fuera el Mohamed Ibn Mohamed a bañarse a La Concha? ¿Como el escarmiento duraba un par de añitos, a lo sumo y vuelta a empezar. Porque para hacer un soldado capaz de enfrentarse a un ejercito profesional se necesita tener algo mas que materia prima con mala ostia y en na ya volvía a haber ejercitos corriendo la frontera.
Otra duda : ¿Como el arte militar había caido tan bajo? ¿Solo leían poesía y filosofía griega? Cesar se empleó cinco años en moldear la Galia y un par de años para “pacificar ” Hispania con poco más de 100.000 hombres y aqui les llevó 400 – hasta Las Navas- llegar a un punto comodo de mantener a los musulmanes por lo que se podía obtener de ellos.
Hombre, tanto, tanto…yo no sé la cuenta real de tropas que intervienen en cada hermanamiento entre reinos, pero si tenemos en cuenta que se suele exagerar bastante en las crónicas, no creo que la mayoría de aceifas pasaran de unos ¿4.000? soldados. Las razzias corresponden a la realidad “materialista” de la época; generalmente no hay población suficiente como para consolidar una conquista o movilizar una gran hueste, salvo casos excepcionales. Piensa además que el territorio es … bueno, la Península es una pesadilla geográfica: elevada, abrupta, retorcida, accidentada. Salvando mucho las distancias, es un modelo bélico similar a las de la Grecia antigua: raro era el caso en que una polis podía poner más de 3.000 ó 4.000 hoplitas en el campo de batalla, por su alto coste, así que se dedicaban a saquearse un poco con el buen tiempo y si entraba un ingreso extraordinario, se hacía el esfuerzo.
La demografía y la capacidad económica lo son casi todo en el plano militar. Asturias, Aragón, Pamplona/Navarra o los condados catalanes no son Roma, ni en ingresos ni en capital humano, y por supuesto ni en organización coordinada. Incluso poco me parece a mí los 400 años, visto desde dónde se partía; si no es por las endémicas luchas internas islámicas, más crudo lo habrían tenido. Eso suponiendo voluntad real y continuada de reconquistar (o mejor dicho, conquistar) territorio. Así que el arte militar se adapta a las circunstancias socioeconómicas; de nuevo los putos marxistas no carecen de razón.
En un principio los cristianos juegan a la defensiva y el que se gasta los cuartos en cabalgadas es principalmente el emir, aunque esto cambiará en el siglo XI, que ya lo veremos. Primero porque la población cristiana vive principalmente de la guerra y la musulmana no, con todo lo que conlleva y segundo, por el aporte extraordinario de pelas que fluirá hacia los reinos del norte.
En cuanto al soldado cristiano de estos lares. Generalmente la tropa la forma el soldado-pastor que vive en concejos y poblados de frontera. Se le exime de muchos tributos y se le otorgan libertades, a cambio de habitar zonas fronterizas. Todo esto para que además pudiesen adquirir un caballo, esencial en la guerra medieval. Son la caballería villana que formará por ejemplo la base de la nobleza militar castellana, por oposición a la leonesa, linajes de señores feudales “de los de toda la vida”. El máximo exponente del soldado de fortuna ennoblecido es nuestro amiguete El Cid Campeador.
Resumiendo, no te sorprendas de este eterno vuelta a empezar cada dos añitos, estos ciclos de piños. Realmente es como se hacían las guerras antes de la era industrial; era muy difícil conseguir un resultado decisivo. En el siglo XVI o XVII la dinámica es la misma: tengo dinero, recluto un ejército para la ocasión, me alicato la cara a leches, si sale bien pido una paz ventajosa ahora que me he quedado sin un duro, y al cabo de 4 ó 5 años se revisa de nuevo el status quo a hostias.
“Cuando cotejas las descripciones de las bellas cautivas o princesas vasconas rubias por las que los Omeya se pirraban (por ejemplo, la tal Oneca de los Arista) con las actuales musas del movimiento 100% euskaldun…aquí hay algo que no nos han contado.”
Pues no es tan difícil, amigo Alejando: el rubio es el color de pelo más característico de las vasconas “de verdad”, las que pertenecen a la raza, o la etnia, como diría mi amigo Telesforo, vasca. Y hay algunas que están para mojar pan, dicho sea de paso: había una tal Miren Garitagoitia estudiando conmigo hace muchos años que nos hacía salivar a todos. También las hay francamente horribles, como en todas partes. Las musas a las que tú te refieres son casi todas hijas de maketos, como yo, sólo que a ellas les jode reconocerlo, y además suelen ser las más feas de entre todas ellas, porque las maketas (y las vascas) macizas están demasiado ocupadas sacándole brillo al desto como para perder el tiempo con cocktails rusos. Si a ello le añadimos un uniforme poco o nada favorecedor (palestino obligatorio así haga 60 grados a la sombra, camisetas de rayas “Butcher’s style”, mallas de las que desechan en las leproserías, calentadores ochenteros de los más cutres, tipo “Fame”, zapatillas de saldo, todo ello en combinaciones cromáticas imposibles), aliñado con cordones con los colorines de la bandera de jamaica y “piercings” hasta en las uñas, podremos entender claramente el porqué de que nos sangren los ojos cada vez que divisamos a una de estas….individuas de raza presuntamente femenina.
Gracias, compañero, por arrojar luz sobre este misterio secular…
¿Que? ¿No te crees que Pelagius acabara con 100.000 caldeos y te crees las palabras de un propagandista escondido en tierras sajonas? Ande vamos a parar…Si hay rubias y tantas ¿Donde coño están los rubios? ¿Son maketos tambien los jugadores?? del Athletic y de la Real? ¿Son maketos los parlamentarios?
Veo más probable que la tal Miren Garitagoitia tiene origen en alguna eslava birlada al Abderraman,a los Beni Quasi maños ó en alguna franca que se perdió misteriosamente en alguna aldea gala…sin un rastreo de ADN no me creo nada….
Y aun falta algo más ¿Como era la nariz de la susodicha perla? ¿Y su RH?
Un poco de rigor historico, carajo….
Ahora que lo dices, Julen Guerrero tiene pinta de ser maketo también. Investigaremos sobre Oneca y los gustos Omeyas…
De hecho, buscando por ahi, en el Pais Vasco es donde menor porcentaje de rubios y ojos claros tenemos de todo el norte…cantabros y gallegos les superan casi por el doble.